Jaume Vives Vives

Los gusanos no encontrarán nada en tus bolsillos

(Artículo publicado originalmente en el Full Dominical Extra sobre la 
Misericordia)

Comienza el Año de la Misericordia y qué mejor que dirigir nuestra mirada, y nuestro corazón, hacia aquellas tierras donde Cristo nació, donde Dios vino al mundo, y donde ahora están matando y persiguiendo a tantos hijos suyos. Occidente ya ha dado la espalda a estos miles y miles de cristianos de Siria, Irak, Egipto, Pakistán… no hagamos lo mismo los católicos de Occidente.

Eso mismo nos pedía Mons. Emil Nona, el arzobispo de los caldeos de Mosul —una de las ciudades más importantes de Irak—: “Rezad por nosotros, y vivid la Fe allí donde Dios os haya puesto, de forma valiente y coherente”. Esa era la respuesta a la pregunta de qué podíamos hacer nosotros por ellos. Para muchos será incomprensible, nuestra sociedad no entiende más allá de lo material.

Pues hagamos caso a este pastor de tantas ovejas heridas y perseguidas, vivamos nuestra Fe a la luz del martirio de tantos hermanos nuestros, que por no renunciar a Cristo han perdido casa, familia, trabajo, ahorros, absolutamente todo.

Vivamos nuestra Fe como ellos la viven: con alegría, perdonando al que nos ofende, sin complejos, sin cobardías, dispuestos a perderlo todo (también el prestigio y la reputación), con orgullo de este gran tesoro que tenemos, que nos ha sido revelado.

No dejemos que el mundo nos haga avergonzarnos de lo único que puede llenar y dar sentido a nuestras vidas. Los cristianos de Oriente están dispuestos a perder todo aquello que nosotros consideramos indispensable para ser felices y vivir bien (casa, trabajo, dinero, familia…) con tal de seguir cerca de Cristo y de la Iglesia. Y ahora toca hacernos esta pregunta tan incómoda de responder, y que nos puede hacer palidecer: ¿a qué estoy dispuesto a renunciar yo por Cristo y la Iglesia? La respuesta a esta pregunta nos dará una indicación de lo enamorados que estamos del Señor y de Su Iglesia.

Pero si estamos leyendo estas líneas es que todavía no es tarde para enamorarnos de Cristo, ponerlo en el centro de nuestras vidas, nuestras familias, nuestras sociedades… y ordenar toda nuestra existencia hacia lo único que podrá darle un sentido pleno.

Que los cristianos perseguidos, los mártires del siglo XXI, sean para nosotros ejemplo de esta entrega, hasta la propia vida, por un amor más grande. Esta vida acabará, los que más viviremos 100 años, pero, ¿qué es eso frente a toda la Eternidad? Los gusanos no encontrarán nada en nuestros bolsillos cuando nos muramos (cómo cambiarían las cosas en el mundo si los católicos entendiéramos esto de una vez), pero el alma nos la podemos llevar bien limpia, y esa es la misión más importante que tenemos en esta vida.

“¿De qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu alma?”, le decía a menudo san Ignacio a san Francisco Javier.

Gracias, cristianos perseguidos, por hacernos ver esto tan claro.

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